Estreno el 3 de octubre de “No me pidas que te bese porque te besaré”, primera película dirigida por Albert Espinosa

Con este largo y estimulante título, Albert Espinosa nos presenta su primer trabajo como director. Un amigo me comentó que todas las películas realizadas con un guión suyo tienen una identidad propia y original; tanto “Planta 4ª”, dirigida por Antonio Mercero, como “Tu vida en 65” de María Ripoll, “Va ser que nadie es perfecto” de Joaquín Oristrell, y las que nos ocupa la tienen. Es cierto, todas profundizan en aspectos importantes de la vida, la enfermedad, la muerte, la deficiencia física, o como en este caso, la psíquica, utilizando claves que las emparentan, las claves del mundo Espinosa. Debutar en la dirección estando a la altura de la directora y directores citados es algo muy meritorio y que augura muy buenas perspectivas futuras.

En esta película Albert Espinosa engarza dos temas, una historia de relación con deficientes psíquicos, o personas especiales, como prefiere referirse a ellos, y otra basada en el miedo al compromiso en la relación de pareja. En ella se desvela el secreto por el cual se puede conocer realmente si se quiere o no a la propia pareja, algo que no voy a revelar y que hace que los 7 euros de la entada resulten una magnífica inversión.

Uno de los temas más recurrentes en “No me pidas que te bese…” es el de las pajas, o autosatisfacción sexual, si se quiere llamar así. No es fácil encontrar ejemplos donde se hable de ello con tanta claridad, quizás sea Woody Allen uno de los autores que más haya recurrido a este tema en su obra, incluso ahora sabemos que el gran maestro neoyorquino también sabe hacérselas mentales, como pudimos comprobar en la reciente “VCB”. Espinosa hace que esta actividad, eminentemente solitaria, se convierta en colectiva y solidaria, como sucede con las denominadas pajas positivas que ayudan a la persona en la que se piensa en ese momento de gozo, pero hay una cosa que yo no entiendo, con esta premisa, Scarlett Johansson debería tener un montón de Oscar en su casa y no es así (1). Desde que el sistema educativo del régimen anterior afirmaba que esta actividad producía ceguera, las pajas no están bien vistas; sin embargo son el primer encuentro con la propia sexualidad y es el mejor, más barato y asequible método para amarse a uno mismo. Por esto yo reivindico las pajas.

Volviendo a Espinosa y su peculiar visión de la vida. Este autor es capaz de percibir y observar sentimientos y vivencias que podríamos llamar de “baja frecuencia”, esta franja que la mayoría de los humanos no percibimos por el fragor del ritmo de vida, o por la desdichada pero acertada frase que escuché hace tiempo “La felicidad es un sentimiento que se reconoce por contraste”, algo que no por cierto deja de ser lamentable. Espinosa sabe identificar y experimentar los pequeños detalles vitales que proporcionan la felicidad y que la  mayor parte de los mortales ni siquiera atisbamos. Al final va a resultar que Albert es un hombre con superpoderes, un superhéroe que puede ver las cosas que los demás no podemos y que se esfuerza en trasmitirlas, y solamente tenemos que acudir al cine o leer su libro “El mundo amarillo” para tener acceso ilimitado a ése, su mundo.

 

(1) Para entender este comentario en su totalidad es necesario ver la película.

 

Paco España, Cine Club Trenti.

 

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